Índice
1. Del Homo Neanderthalensis al Homo Informaticus
La mayoría de la historia que posee el ser humano pertenece a una etapa en la que era cazador, una historia que ocupa unas pocas páginas en los libros con respecto a la posterior al Neolítico que compone la gran parte de lo estudiamos hoy.
Sin embargo aún poseemos rasgos biológicos filogenéticos heredados de esta difusa y cavernaria etapa. Por ejemplo los niños a veces tienen miedo a la oscuridad sin haber padecido ninguna experiencia traumática asociada a ella, esto se debe a esta herencia filogenética de inseguridad y desprotección del hombre cuando caía la noche.
Esta herencia está evidenciada en otras muchas actuaciones sociales del ser humano, esto explica entonces que seamos sujetos pasivos de emociones arcaicas como el miedo, el amor, el odio, el placer, el enfado… Hemos surcado el espacio en naves espaciales, somos capaces de reproducir casi cualquier cosa en impresoras 3D a la mano de cualquiera, poseemos dispositivos inteligentes las veinticuatro horas del día, pero nuestra vida emocional no difiere en casi nada a la de un hombre de las cavernas de hace cien mil años.
El hombre moderno no obstante posee notorias diferencias físicas con nuestros antepasados. Ahora somos más pequeños y menos corpulentos, y también tenemos el cerebro más pequeño jamás registrado en todas las fases evolutivas anteriores humanas.
Esto se debe a que antes el ser humano necesitaba de la fuerza para conseguir objetivos, ahora se premia la organización y la eficiencia. A pesar de todo nuestra relación cerebro-masa corporal es la mayor de la historia. Los alimentos ahora nos llegan sin apenas movernos, y lo mismo pasa con la información que alimenta nuestro relativamente gran cerebro en la sociedad del conocimiento.
Las modernas tecnologías de la comunicación están afectando a nuestro plano físico, psicológico y biológico.
2001: Odisea en el Espacio. Stanley Kubrick, 1968.
2. Deshumanización
Kafka evoca una y otra vez el efecto deshumanizador de la sociedad postmoderna. El tema que trataremos sobre el sometimiento que consiguen las nuevas tecnologías en el ciudadano queda claro aquí. De repente uno no sabe por qué carga con un traje nuevo, imposible de eliminar o bloquear; ahora dependemos de él sino queremos ser apartados o “retrasados”, ahora estamos cada vez más solos, rodeados de objetos inertes. No es de extrañar, que éste sea un tema que haya encontrado resonancias en otros escritores modernos y postmodernos.
Walter Benjamin ha insistido en que Kafka pretendía que sus lectores respondieran a sus diversos personajes animales por lo que son, en este caso, un insecto gigante. Apunta que genera empatía en el lector, una identificación mental y espiritual, con los personajes no humanos que figuran en sus ficciones con animales1.
La deshumanización es paradójica en su relato El artista del hambre donde un hombre se pasa la vida exhibiéndose por pura voluntad, placer y necesidad en constante ayuno dentro de una jaula. Tratado como un animal de circo, pero feliz con su “flagelación”; feliz con el entusiasmo con que la gente va a observarlo, y ríen gozando de su consumición. Al final todo ese público se cansa, y deja de ser admirado, lo que lo degrada mucho más hasta convertirlo en un animal insignificante e invisible.
Así es como realmente nos vemos, invisibles paradójicamente ante la facilidad de comunicación que existe con las nuevas tecnologías. Convenciéndonos de la utilidad tecnológica, sometidos sin embargo, solo hay que observar una simple cafetería; cada vez más el “usuario” toma café fijando su mirada en una pantalla, aún compartiendo mesa. Ya no se lee tanto el periódico o se habla del tiempo con el camarero. Ahora se mira el tiempo en Internet en cualquier momento y se conversa en Whatsapp.
Tecnología y deshumanización ha sido un tema muy referente para muchos artistas contemporáneos y sobre todo en el mundo audiovisual. Por ejemplo, el artista y profesor Ken Goldberg, desarrolla una obra con un mensaje crítico a la evolución que está siguiendo el ser humano, ligada a la aparición de las nuevas tecnologías.
Nuestros referentes filmográficos son películas como Blade Runner, 1984, Brazil… en las que se recrean ciudades anacrónicas dominadas por una tecnología superior al ser humano. El mediometraje I’m Here del director norteamericano Spike Jonze, que da imagen a nuestra cabecera, refleja aún mejor nuestro punto. En esta producción, los robots han aparecido en la vida cotidiana como unos seres inferiores al ser humano, aunque se les otorga los mismos tipos de sentimientos. El humano ejerce un fuerte racismo y discriminación a esta clase social que solo intenta ser uno más en este sistema, al igual que ocurrió en la historia con los pueblos esclavos. Atendiendo al tema del control, no hay que olvidar a la artista Julia Scher, la cual trabaja con ese concepto desde hace años, y consigue un enfoque muy kitsch a través de instalaciones donde cámaras de seguridad y monitores invaden los espacios.
Y por último, recordar algunos artistas que trabajan la animación tradicional pero con una perspectiva más demoledora en cuanto a crítica social actual. Es el caso del animador Anthony Schepperd, quien realiza videocreaciones que sirven como videoclips para el grupo de música electrónica Blockhead. En The Music Scene crea un universo regido por la dominación de la tecnología sobre el ser humano, y en consecuencia se forma una especie de caos biológico que oscila entre lo natural y lo virtual interpretado por la animación de este artista.
¹Walter Benjamin, “Dos iluminaciones sobre Kafka”, Iluminaciones, I, Taurus, Madrid, 1971.
The Music Scene. Anthony Schepperd, 2009.
