Índice
1. Bajo Control
Al atravesar algunas puertas en ciertas empresas o edificios de importantes instituciones se nos pide una lectura magnética de una tarjeta, al entrar y salir se nos analiza el peso; por si llevamos algo “inesperado” encima. Cuando entramos al wáter se nos desglosa los componentes de nuestras excreciones a través de un análisis químico. Existen cámaras en las oficinas con el pretexto de seguridad, a veces ocultas, garantizando un rendimiento idóneo. Incluso existen softwares que permiten a los jefes de las empresas en todo momento saber que ofrecen los monitores de los empleados, con el fin de conocer que pretende cada uno sobre los objetivos de la empresa.
Quizás quieres tomar un café y llevas contigo un bolígrafo que realmente es una cámara o un micrófono.
En la intimidad de nuestras casas si disponemos de televisión por cable tenemos la posibilidad de ver una programación a la carta, con lo cual categorizamos lo que elegimos y después la propia tv te ofrece nuevos productos afines a nuestros gustos. Nuestro computador es capaz de almacenar en un servidor todas nuestras actividades. Nuestras llamadas telefónicas, mails o mensajes privados en redes sociales están expuestos sin ningún tipo de permiso personal a ser monitorizados por cualquier servicio de seguridad nacional o internacional. Incluso el disco duro de nuestro ordenador puede ser rastreado por diversos servidores en busca de información “útil”. Se sabe que las empresas telefónicas tienen contratos con algunas empresas para aportar información de llamadas personales.
Todo tipo de tarjetas magnéticas con chip (universitaria, bancaria, médica…) contiene una información personal a la cual se podría acceder fácilmente desde el núcleo. Libros adquiridos de la biblioteca, transacciones económicas, pagos de facturas, compras, objetos adquiridos, nombre del destinatario en una transferencia bancaria, patologías, medicamentos comprados…
Cuando estamos en alguna tienda se nos hace saber que estamos bajo control con cámaras y pantallas. Cuando andamos por la calle, en algunas zonas, encontramos cámaras de vigilancia de todo tipo, hasta existen carteles que te advierten de tu constante estado de vigilancia. Algunas de estas cámaras son tan sofisticadas que son capaces de eliminar máscaras, disfraces o postizos detectando tus verdaderas formas anatómicas; es lo que viene a llamarse identificador biométrico.
Además de las huellas dactilares escaneadas y digitalizadas ya están en funcionamiento los escáneres por iris y por ADN. Todo esto es registrado en una gran base de datos de la que formamos parte. Desde arriba con satélites geostáticos podemos ser fotografiados. Y con ello se intenta luchar contra la especulación urbanística, el tráfico ilegal y los ataques terroristas. De hecho algunos sospechosos deben usar a la fuerza un brazalete localizador, otros sin fuerza son controlados silenciosamente a través de su automóvil o por su teléfono personal con un sistema tipo GSM.
Hasta aquí podríamos pensar sobre la veracidad de lo que hemos expuesto. Podría parecer un relato de ciencia ficción pero realmente esto está ocurriendo y debemos tantear hasta dónde podría llegar la especulación de estas diversas técnicas de vigilancia o control de espacios. Hablamos pues de una advertencia sobre los posibles desarrollos y aumento de las tendencias de vigilancia, y un “¿hasta dónde llegaremos?”.
Mark Zuckerberg. David Paul Morris/Bloomberg News
2. El Panóptico en el cine
“Control, todo se reduce al control. Todas las dictaduras tienen una misma obsesión. Y eso es todo. De modo que en la antigua Roma, daban a la gente pan y circo. Mantenían a la gente distraída con el entretenimiento. Pero otras dictaduras usaban otras estrategias diferentes, para controlar las ideas, el conocimiento. […] Y es importante recordar que esto es un patrón que se repite a lo largo de la Historia.” Enemy, Denis Villeneuve, 2013
Esta cita del film de Denis Villeneuve nos cuenta algo muy importante. Y es que de alguna forma todas las dictaduras poseen un eficaz sistema de control. Algunas como las fascistas bajaban el nivel de educación, limitaban la cultura, censuraban la información y cualquier medio de expresión individual…
Ahora revisaremos el nuevo sistema de control que impera en la Sociedad de la Información y el desarrollo de las tecnologías, que está directamente relacionado con la propuesta arquitectónica que realizó Bentham en 1787. Así describe Reg Whitaker el diseño de Bentham:
“El panóptico fue de hecho propuesto por Bentham como un diseño arquitectónico para las prisiones. Se trata de una idea sencilla: una prisión construida de forma circular, cuyo perímetro periférico en cada uno de los niveles consiste en celdas individuales que albergan a un solo prisionero, totalmente aislado de los otros reos, a los que no puede ver ni escuchar. Todas las celdas son visibles a la observación del inspector, instalado en una oficina central desde la que puede controlar perfectamente a cada uno de los prisioneros”¹
El vigilante se convertiría en una figura fantasmagórica. Aunque fue considerada una construcción utópica, actualmente ha dado lugar a una metáfora de la sociedad moderna. Una sociedad con medios de sobra para ejercer esta hegemonía, esta mirada panóptica a través de las tecnologías. La vigilancia no es algo nuevo o contemporáneo, sino que siempre ha existido; es tan antigua como la sociedad. Aunque está claro que los procesos de formación del capitalismo le otorgaron un protagonismo que no para de aumentar.
De esta forma la problemática de la vigilancia no solo ha sido tratada por pensadores sociales o filósofos, sino que también ha tenido una importante cabida en creadores como de nuevo Kafka en El proceso, Orwell en 1984, Chaplin en Tiempos Modernos o Banksy en muchas de sus obras de carácter urbano.
Ahora hemos seleccionado algunas obras cinematográficas en las que hemos encontrado estas relaciones de poder y dominación en ese sentido amplio que recoge toda relación humana.
¹Reg Whitaker “El fin de la privacidad. Cómo la vigilancia total se está convirtiendo en realidad.” Barcelona, Paidós. 1999, p. 46.
Camera Girl, Banksy
2.1. Brazil, Terry Gilliam
Como en la novela de George Orwell 1984, en Brazil se relaciona el poder panóptico, como un “Gran Hermano”, con una corporación superior, exactamente un “ministerio de información” que vigila, controla los detalles, las emociones, los deseos y las actividades de los ciudadanos.
Desde el principio se atisba en Brazil una representación de mecanismos de control y vigilancia entre los individuos y grupos, los cuales se muestran con una excesiva individualidad y que son proyectados en una estética industrial, y en una batalla clásica: la ciudad, con sus elementos(coches, edificios colmena, lugar de paso, acumulaciones, atmósferas grises) contra la naturaleza (vegetación, luz, verde…).
El protagonista de la película, Sam Lawry, trabaja para el gobierno e intenta ayudar a una mujer de la que se enamora, llegando a un final de locura, relacionado con el principio del film, en el que se delira con la soledad, la prisión, la sumisión y la tortura. Muchos teóricos apoyan que este principio y final de la película está basado en El proceso de Franz Kafka, cuando el protagonista se haya indefenso ante el poder judicial que lo suprime.
El ciudadano en Brazil es atentado en cuanto al precio que se le pone a su tiempo, dependiente de las máquinas y la robótica. Una individualidad ciudadana directamente ligada a la sociedad y al espíritu de masa. Tal como afirma Zygmunt Bauman “en una sociedad de individuos, todos deben ser individuos; en ese sentido, al menos, los miembros de dicha sociedad son cualquier cosa, menos individuales, distintos o únicos”².
“En una sociedad de individuos, todos deben ser individuos; en ese sentido, al menos, los miembros de dicha sociedad son cualquier cosa, menos individuales, distintos o únicos”.
²Zygmunt Bauman “Vida líquida”. Barcelona, Paidós. 2006, p. 28.
Brazil, Terry Gilliam, 1985.
2.2. El video de Benny, Michael Haneke
La democratización audiovisual ha dado lugar en la era de la imagen a que todo el mundo tengamos acceso a cualquier cámara, del dispositivo móvil que llevamos con nosotros por ejemplo, y por tanto ha dado la posibilidad de la creación y/o manipulación de la realidad desde cualquier perspectiva. En esta era de la imagen ha habido cambios importantes en la posibilidad de comunicación como ya hemos explicado, con la llegada de las redes sociales y el avance rapidísimo de las tecnologías. Sobre esto, el antropólogo francés Marc Augé, hace un apunte interesante:
“Esta sobreabundancia de imágenes utiliza nuestros espacios más íntimos, nuestra vida privada. Bajo este aspecto no sólo resta realidad al mundo exterior (poco disociable de la imagen propuesta de él, o, mejor dicho, de las imágenes con las que se substituye), sino que dificulta nuestra relación con los demás”³
El protagonista, Benny, un chico problemático, una chica que es asesinada y la dudosa integridad de los padres del chico componen un film falto de diálogos innecesarios: la comunicación solo se da a través de la tecnología. Las cámaras que constantemente están grabando en la habitación de Benny son como nuestros ojos, lo que constituye un espacio metaficcional.
Cada vídeo grabado avecina un acontecimiento posterior. En primer lugar el vídeo de la matanza de un cerdo. El vídeo de una chica asesinada por Benny con el mismo arma que utilizaron para matar al cerdo. Y el vídeo de los padres del chico deshaciéndose del cadáver.
La película es un retrato del ser humano contemporáneo en el que impera metafóricamente el control mediático y la microvigilancia multidireccional, y donde el sistema de comunicación humano-tecnología se convierte en un código y este afecta a la moral, generando violencia impasible.
³Marc Augé “Ficciones de fin de siglo”. Barcelona, Gedisa. 2001, p. 116
El vídeo de Benny. Michael Haneke, 1992.
